martes, 25 de noviembre de 2014

cuerpo, mente y espíritu (primera parte)


Cuerpo, mente y espíritu. Parece que estas con las “partes” constitutivas del todo, y como yo no tengo mejores datos para aportar acepto esa división.

Con lo del cuerpo no hay mayores discrepancias, todos sabemos a que nos referimos cuando hacemos alusión al cuerpo, pero respecto a mente y espíritu la cosa no es tan simple. Adelanto que no conozco nada de este tema –como de la mayoría- por lo cual nadie espere aprender nada. El que siga leyendo se encontrará con el punto de vista de un argentino. En Argentina todos somos directores técnicos, todos somos médicos y como verán también filósofos.

La mente es la parte con que nos identificamos, con la que pensamos, resolvemos algunos problemas y creamos muchos más y parece que su residencia es el cerebro.
El espíritu sería algo etéreo, dorado y liviano que tiene que ver con Dios, aunque la mayoría no sabemos bien cómo ni por qué. ¿Para qué está el espíritu? No sé. Supongo que es lo que sigue vivo cuando uno muere y es lo que va al Cielo o al Infierno para los católicos y lo que vuelve a encarnarse para quienes creen en la reencarnación.

Yo me pregunto dónde estoy, ¿en la mente, en el cuerpo o en el espíritu?. No sé, pero por lo que he leído últimamente estoy comenzando a pensar que no estoy en la mente, si bien parece que uno está en la mente o que uno es su mente. Yo entiendo a la mente como el kit de supervivencia con el que venimos dotados. En mi visión freeky tiene dos partes: una es el sistema operativo que controla el cuerpo, porque hay una cantidad de funciones del cuerpo que la mente controla en forma automática –suerte que las controla en automático porque con lo pelotudo que soy si tuviese que controlarlas yo ya estaría muerto hace tiempo-, me refiero a la respiración, el latido del corazón, etc., y la otra es el software que controla lo que hacemos.

Yo me quiero referir a ese software, que por simplicidad y por desconocimiento llamaré mente. Yo digo que la mente está preparada para la supervivencia y no para la felicidad y ese es un gran problema, porque hay una parte nuestra que quiere ser feliz. Y ahí surge natural otra pregunta ¿dónde está la parte que quiere la felicidad, en la mente, en el cuerpo o en el espíritu? Touché, mes amis. No sé, pero ¿es necesario saberlo? Yo creo que no es necesario a los fines prácticos, uno puede analizar todo esto con la teoría de la caja negra. ¿Qué es esa teoría? Recurro a Wikipedia “La caja negra es una metáfora para designar aquel elemento estructural de un modelo abstracto sobre el funcionamiento de un sistema que se halla entre la entrada (input) y la salida (output) ... el contenido de la «caja negra» inexplorable (o no interesante), que no es susceptible definir de manera operacional, ni de medir directamente con instrumentos científicos…

Resumiendo, hay una parte que quiere ser feliz y otra que quiere estar segura, cuando la felicidad y la seguridad se obtienen con la misma decisión, el sol brilla y la vida sonríe con simpatía. Cuando no es así…

Esto es sólo el principio, así que seguirá. Ánimo



lunes, 24 de noviembre de 2014

Memorias de un suicida. Dios es Justo y Dios es sabio




Veo a los gatitos tan tranquilos y siento alegría por ellos. También siento pena, no sé por qué. Son queridos y están bien cuidados. En mi próxima vida quisiera ser algún tipo de animal doméstico mimado por sus dueños. Corren, saltan y al segundo están descansando. Se ven tan curiosos y serenos. Todo para ellos es aquí y ahora, nacieron budas si se lo analiza desde ese ángulo.

Hoy Rodolfo se hubiese levantado contento. Imagino que se habría hecho el desayuno con esa parsimonia casi exasperante mientras el resto de su familia sigue durmiendo. Tal vez sacaría a pasear a Tania o leería el "Clarín" maldiciendo contra la oligarquía argentina. Seguramente iría a la sección deportes para ver como forma "la academia", más ahora que hasta puede salir campeón. Algún llamado telefónico para ver cómo sigue el chico que hubiese operado ayer y después derecho a inspeccionar las plantas del fondo, juraría que silbando bajito algún tema de Serrat o de Sabina. Más tarde decidiría qué hacer el resto del día, podría ser algo en familia o tal vez encontrarse con algún amigo, ya habrá tiempo, ¿para qué apurarse? Hasta podría llamarme a mí. Rodolfo estaba metido en la vida.

Aquí estoy yo, con más ganas de llorar que de tomar el sol de esta preciosa mañana. Roberto me decía que jamás se haría una cirugía estética, no quiere morirse por una anestesia innecesaria. Qué diferencia, a mí no me importaría morirme así, sería una muerte tranquila. No me molestaría morirme ahora mismo, pero si no es mucho pedir que sea sin sufrimiento. Cualquier cosa menos sufrir. Una pretensión vana, el sufrimiento florece a cada paso. Este es un buen momento para fumar y no tengo cigarrillos. La tristeza y el tabaco se complementan bien.

Uno quiere creer que Dios es justo y que Dios es sabio.  Podría haberme elegido a mí pero eligió a Rodolfo. Él sabrá por qué.

martes, 18 de noviembre de 2014

la era del hielo



Mis hijas quieren congelarme, como a Walt Disney. Dicen que de esa manera me tendrían para siempre, pero yo no concuerdo porque siempre es cada día, cada minuto, siempre es el ahora y es el futuro, no sólo el futuro. Yo les pregunto al respecto y no saben que decirme. La menor dice que me descongelarían cada tanto para hablar un poco. ¡Fíjense ustedes que estupidez! Además ellas envejecerían y pasadas unas décadas yo sería menor que ellas ¿Se imaginan un padre menor que los hijos? Esta idea es descabellada desde todos los ángulos que se la quiera mirar. Para convencerme la mayor me dijo que en unos años descubrirían el remedio para la caída del cabello. Ese es un buen punto, pero no me parece determinante. Si me hablaran de un aumento peneano definitivo, otro gallo cantaría, pero ellas no dijeron nada y yo obviamente no voy a sacar el tema frente a dos niñas. Mi esposa no dice “esta boca es mía”, pero estoy seguro que le gustaría que me congelen, pero con lo desconfiada que es, gastaría más dinero en viaje para corroborar que sigo congelado que lo que cuesta el servicio. El lugar es otra cuestión a tener en cuenta, porque aunque este país es bastante desastroso a mi me gusta vivir aquí, además, no creo que me otorguen una visa de residente en los Estados Unidos, aunque jure y perjure que no voy a hacer ningún desmán.  Un amigo mío me dio a entender que querían sacarme del medio así no las molesto cuando llegan tarde, pero esa es una tontería porque hace años que viven solas. La gente habla por hablar, como ese otro que me dijo que me pueden congelar en cualquier frigorífico. ¡Claro que pueden congelarme! Pero después quién me revive. Como ven es todo un problema. Ellas insisten e insisten, pero ya no discuto, al igual que Walt yo tampoco me caliento.

viernes, 14 de noviembre de 2014

el amigo X


Varios años después de su desaparición bloggera, el amigo X sigue figurando entre los top ten comentaristas, sólo precedido por las amigas Estrella y Genessis, a quienes Google ha incluído en la categoría de "todo terreno" y que Francisco tiene en su lista de los próximos laicos a ser canonizados.
Seguramente no ha sido por casualidad que he conocido personalmente a ellos tres.  En orden cronológico: a Estrella en la pintoresca costa alicantina, a X en la sorprendente Valencia,  y a Genessis en nuestra entrañable Buenos Aires.
Ya ha dejado de llamarme la atención que determinadas personas te dejan la sensación de conocerlas profundamente aunque las hayas visto una sola vez en la vida.


miércoles, 12 de noviembre de 2014

domingo, 26 de octubre de 2014

engaños vanos



“La mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo. Engañar a los demás es un defecto relativamente vano.” Friedrich Nietzsche


Estoy convencido que es bastante difícil que seamos engañados. Con los extraños somos desconfiados y a los cercanos los conocemos demasiado bien. Además somos muy perceptivos y podemos leer, aunque sea en forma inconsciente, decenas de mínimos indicios que encienden nuestras alarmas. Solemos ser "mal pensados" y es más fácil que tengamos que retractarnos de un juicio descalificador, que arrepentirnos de haber sido indulgentes.

Con uno mismo la cuestión es distinta, porque la vida a veces es difícil y hasta la incorruptible consciencia se deja sobornar por alguna idea tranquilizadora.


jueves, 23 de octubre de 2014

EL HIJO DE LA NOVIA




Los padres de Rafael no se habían decidido a contraer nupcias a pesar de haber pasado su vida juntos. La madre de Rafael sufre una enfermedad mental que la ha sacado de la realidad. Ante esa circunstancia el padre de Rafael, también un hombre mayor, desea casarse con ella para cumplir su sueño. Rafael había solicitado permiso a la iglesia para que el matrimonio de sus padres pudiera concretarse. El que sigue es un diálogo simpático y realista entre Rafael y el sacerdote. Resalto aquello que considero una verdad obvia que inexplicablemente nadie transmite a tiempo.

IGLESIA. INTERIOR. DÍA.
PADRE : Bienvenidos amados hermanos…bienvenidos amados hermanos…bienvenidos amados hermanos…
MONAGUILLO: A la casa del señor.
PADRE : Ya sé, ya sé. ¡Ah! Velvedere, estaba probando el nuevo sistema de sonido. Quedó realmente omnipresente.
RAFAEL: Sí, muy lindo, muy lindo…yo venía por lo de mi papá.
PADRE : Ah, sí, sí, hablé con la Curia, llegué a hablar con la Suprema Corte del Derecho Canónico.
RAFAEL: ¿Y?
PADRE : Quedaron todos sumamente conmovidos con la historia de sus padres. Es más, le cito textualmente lo que sobre su padre me dijo el doctor-barra-obispo monseñor Colombo. Me dijo: “Este hombre no necesita a dios, este hombre es dios”. Ja, ¿qué le parece?
RAFAEL: Que no nos dan el permiso.
PADRE : Con todo el dolor del alma le garantizo que… Rafael, el matrimonio además de ser un sagrado sacramento es un contrato y como todo contrato tiene tres condiciones: discernimiento, intención no espúrea y libertad. Y bueno, lamentablemente su madre no tiene discernimiento.
RAFAEL: No, no, no, no, yo no le puedo decir esto a mi papá, es un hombre mayor. Escúcheme, dios tiene que entender, él también es un viejo.
PADRE : Dios no es viejo ni joven, ni hombre ni mujer, ni blanco ni negro.
RAFAEL: No, ese es Michael Jackson, padre. Escúcheme, lo tendría que ver a mi papá, parece que tuviera 20 años de nuevo.PADRE : Bueno, si quiere puedo hablar con él.
RAFAEL: Pero ¿qué le va a decir? ¿Qué le va a hablar de discernimiento a un hombre que sigue enamorado después de 44 años? Honestamente, padre, ¿usted cree que las siete parejas que se vienen acá a casarse por sábado tienen discernimiento? No le da ganas a veces de decirles: “No chicos, tu pareja no es lo maravillosa que vos te crees que es. Este tiene una cara de chanta infernal, ella no va a ser tan comprensiva dentro de tres años”. ¿Por qué no me pidieron discernimiento a mí cuando me casé? ¿Sabe la mala sangre que me hubiera ahorrado? No, cuando me casé completamente víctima del amor, algo con lo que ustedes trafican hace 2000 años, me recibieron con los brazos abiertos. Diez años después, ya totalmente en mis cabales y con un discernimiento espantoso, me quiero separar y me dicen “no, ahora no se puede”. Por favor, padre, ¿ahora resulta que para ser católico hay que razonar? Mi mamá no razonaba cuando la bautizaron, pero ese momento no importó, había que aumentar la clientela, ¿no? El primero te lo regalan, el segundo te lo venden y después se borra.
PADRE : Nadie se borra, y mucho menos la Iglesia. Dios te acompaña a todas partes, hijo.
RAFAEL: Si, pero siempre pago yo, padre, alguna vez podría invitar la casa.
PADRE : Hay una opción, se llama sanamiento en raíz, es un trámite que consiste en considerar la fecha de civil como comienzo de la unión.
RAFAEL: Mi papá no quiere un trámite, padre. Pero, ¿no se da cuenta? Él lo único que quiere es cumplirle el sueño a mi mamá que era casarse por la Iglesia ¿Cómo no se da cuenta, padre? Es un acto de amor del que yo no soy capaz. Mire que flor de slogan se están perdiendo, 44 años de amor, lo tendrían que poner en un póster en vez de darle la espalda.
PADRE: Yo voy a hablar con tu padre, él va a comprender, hijo. Eh, ¿no te sentís bien? Tranquilo, recuéstate. Gabriel, dale, llama a un médico, ¡no te quedes parado!