jueves, 23 de octubre de 2014

EL HIJO DE LA NOVIA




Los padres de Rafael nunca se habían decidido a contraer nupcias a pesar de haber tenido una vida juntos. La madre de Rafael sufre una enfermedad mental que la ha sacado de la realidad. Ante esa circunstancia el padre de Rafael, también un hombre mayor, desea casarse con ella para cumplir su sueño. Rafael había solicitado permiso para que el matrimonio de sus padres pudiera concretarse. El que sigue es un diálogo simpático y realista entre Rafael y el sacerdote. Resalto aquello que considero una verdad obvia que inexplicablemente nadie transmite a tiempo.

IGLESIA. INTERIOR. DÍA.
PADRE : Bienvenidos amados hermanos…bienvenidos amados hermanos…bienvenidos amados hermanos…
MONAGUILLO: A la casa del señor.
PADRE : Ya sé, ya sé. ¡Ah! Velvedere, estaba probando el nuevo sistema de sonido. Quedó realmente omnipresente.
RAFAEL: Sí, muy lindo, muy lindo…yo venía por lo de mi papá.
PADRE : Ah, sí, sí, hablé con la Curia, llegué a hablar con la Suprema Corte del Derecho Canónico.
RAFAEL: ¿Y?
PADRE : Quedaron todos sumamente conmovidos con la historia de sus padres. Es más, le cito textualmente lo que sobre su padre me dijo el doctor-barra-obispo monseñor Colombo. Me dijo: “Este hombre no necesita a dios, este hombre es dios”. Ja, ¿qué le parece?
RAFAEL: Que no nos dan el permiso.
PADRE : Con todo el dolor del alma le garantizo que… Rafael, el matrimonio además de ser un sagrado sacramento es un contrato y como todo contrato tiene tres condiciones: discernimiento, intención no espúrea y libertad. Y bueno, lamentablemente su madre no tiene discernimiento.
RAFAEL: No, no, no, no, yo no le puedo decir esto a mi papá, es un hombre mayor. Escúcheme, dios tiene que entender, él también es un viejo.
PADRE : Dios no es viejo ni joven, ni hombre ni mujer, ni blanco ni negro.
RAFAEL: No, ese es Michael Jackson, padre. Escúcheme, lo tendría que ver a mi papá, parece que tuviera 20 años de nuevo.PADRE : Bueno, si quiere puedo hablar con él.
RAFAEL: Pero ¿qué le va a decir? ¿Qué le va a hablar de discernimiento a un hombre que sigue enamorado después de 44 años? Honestamente, padre, ¿usted cree que las siete parejas que se vienen acá a casarse por sábado tienen discernimiento? No le da ganas a veces de decirles: “No chicos, tu pareja no es lo maravillosa que vos te crees que es. Este tiene una cara de chanta infernal, ella no va a ser tan comprensiva dentro de tres años”. ¿Por qué no me pidieron discernimiento a mí cuando me casé? ¿Sabe la mala sangre que me hubiera ahorrado? No, cuando me casé completamente víctima del amor, algo con lo que ustedes trafican hace 2000 años, me recibieron con los brazos abiertos. Diez años después, ya totalmente en mis cabales y con un discernimiento espantoso, me quiero separar y me dicen “no, ahora no se puede”. Por favor, padre, ¿ahora resulta que para ser católico hay que razonar? Mi mamá no razonaba cuando la bautizaron, pero ese momento no importó, había que aumentar la clientela, ¿no? El primero te lo regalan, el segundo te lo venden y después se borra.
PADRE : Nadie se borra, y mucho menos la Iglesia. Dios te acompaña a todas partes, hijo.
RAFAEL: Si, pero siempre pago yo, padre, alguna vez podría invitar la casa.
PADRE : Hay una opción, se llama sanamiento en raíz, es un trámite que consiste en considerar la fecha de civil como comienzo de la unión.
RAFAEL: Mi papá no quiere un trámite, padre. Pero, ¿no se da cuenta? Él lo único que quiere es cumplirle el sueño a mi mamá que era casarse por la Iglesia ¿Cómo no se da cuenta, padre? Es un acto de amor del que yo no soy capaz. Mire que flor de slogan se están perdiendo, 44 años de amor, lo tendrían que poner en un póster en vez de darle la espalda.
PADRE: Yo voy a hablar con tu padre, él va a comprender, hijo. Eh, ¿no te sentís bien? Tranquilo, recuéstate. Gabriel, dale, llama a un médico, ¡no te quedes parado!

domingo, 19 de octubre de 2014

la curiosa sensatez de nuestros actos




Tendemos a creer que actuamos con sensatez, y que la razón y la voluntad dirigen los actos de nuestra vida. Estoy totalmente en desacuerdo con esa creencia.

Decía Confucio “Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces entonces estás peor que antes.” Yo me pregunto: ¿Será que somos estúpidos o será que no es tan fácil hacer lo que corresponde?

Somos grandes y sabemos que debemos hacer aunque generalmente no lo hagamos. El ejemplo más típico es el del fumador. Desde muy chicos sabemos que fumar es perjudicial y aún así seguimos fumando -yo fumo un poco-. Achacamos a la adicción química la dificultad para abandonar el vicio. Digamos que las adicciones tienen ese atenuante, pero hay decenas de conductas nocivas que no involucran un agente químico ni nada que pueda acostumbrar al cuerpo, entre ellas los amores inconvenientes, las amistades tóxicas, las acciones innecesariamente arriesgadas, la muy moderna obsesión virtual, etc.

Respecto a los amores equivocados, existen cantidad de explicaciones posibles abarcando un espectro amplísimo que va desde el enamoramiento propiamente dicho hasta el miedo, pasando entre otros por el afán autodestructivo.

Sea uno o sea otro, lo que se verifica sin necesidad de un esfuerzo analítico supremo, es que todos incurrimos en actos que sabemos perjudiciales y que, como verdaderos adictos repetimos una y otra vez sin oponer la menor resistencia. Esa propensión inexplicable a lo que nos daña es para mí una prueba concluyente que existen motivaciones internas y desconocidas, suficientemente poderosas para someter a la voluntad y burlar a la razón.

jueves, 16 de octubre de 2014

vivir y dejar vivir


El ego es un juez parcial que siempre falla a nuestro favor.

Yo tenía un jefe cuyas formas ejemplifican mucho de lo que nos pasa. Comenzaré diciendo que era un buen hombre, un hombre razonablemente confiable, que es más de lo que puede decirse de la gran mayoría, pero a pesar de esa característica tan favorable, y de su esencia bondadosa, una parte de él estaba dominada por su ego. “Yo no estoy pintado” solía decir cuando algo de lo que él consideraba debía estar en la órbita de sus decisiones, no pasaba por sus manos. Es razonable evitar que otros resuelvan sobre aquello de lo que uno es responsable, pero no era eso lo que le molestaba, no era un tema operativo, ni legal ni de responsabilidad. A él le dolía en lo personal, no en lo laboral. Él necesitaba ser protagonista, ser respetado y hasta reverenciado, podría decirse. El necesitaba que las cosas fueran hechas de acuerdo a sus ideas ¿Para qué? No sé para qué, pero sé que no era para nada de utilidad.

“Las cosas deben ser hechas como yo digo”, escuchamos muchas veces y decimos otras tantas. Todos nos creemos los dueños de la verdad, pero algunos reconocemos que tal vez haya otras verdades igual de valiosas. Hay personas -muchísimas- que creen ser los dueños siempre, o al menos actúan como si lo fueran. Cuándo se les interroga por qué su verdad es la única, resulta que no pueden justificarlo, o que sus argumentos son endebles. Si se insiste invariablemente su ego se enoja.

Esas posturas rígidas nos arruinan la vida, o en el mejor de los casos disminuyen su calidad. Respetar a alguien es fundamentalmente respetar su individualidad, dejarlo ser, y la manera de demostrarlo es aceptar sus decisiones individuales, mucho más aquellas que no nos afectan. Aquí debe aclararse que el ego siempre se siente afectado, por lo que si nuestra balanza se apoya en él nada en el mundo debiera hacerse sin nuestro beneplácito.

Somos tan propensos a los enojos y las decepciones como producto de ese ego inflado y necesariamente injusto. La sociedad, la familia o no se quien, parece que nos hubiera convencido que debemos salirnos siempre con la nuestra. ¿Dónde quedan los demás?, me pregunto. ¿Por qué no permitimos que cada uno se salga con la suya, en la medida que no nos perjudique? ¿Por qué no permitimos que cada cual pueda ser él mismo? ¿Es peligroso eso? ¿Nos puede afectar negativamente? ¿Si los demás logran ser ellos, nosotros no podremos ser? ¿Dónde ha quedado nuestro sentido de justicia?

Respetar a los demás es primero que nada un servicio a uno mismo, a nuestra propia felicidad, a nuestra paz de espíritu.

Las relaciones humanas podrían ser más fáciles, pero queremos ganar siempre.


miércoles, 15 de octubre de 2014

Osho: "Lo único que importa es ¡tu despertar!"


Aunque no lo advirtamos, luchamos toda la vida para por poder ser quienes realmente somos. Osho explica el por qué.


"¿Qué es la infelicidad? La infelicidad es sentir que no estás siendo tú mismo. Es la brecha que se forma entre lo que eres y lo que crees que deberías ser. Y esa brecha es la infelicidad. Cuanto más grande sea, mayor será tu desdicha. 

Los idiotas son felices porque carecen de la inteligencia suficiente para darse cuenta de que esa brecha existe.

Las personas más inteligentes del mundo son las más desdichadas porque son tan conscientes de esa brecha que se ven incapaces de olvidarse de ella, de ignorarla. Hagan lo que hagan, la brecha sigue estando ahí, y eso les causa dolor: "¿Por qué no puedo ser yo mismo?".
Por eso estoy seguro de que si por desgracia consigues ser Cristo, Krishna o yo mismo, significa que ya no formas parte del mundo de los cuerdos y que te has vuelto completamente loco. Si no distingues entre el sueño y la realidad, y no ves la diferencia entre ambos, te encuentras en gran peligro; es un suicidio espiritual.
Los sueños no tienen inteligencia propia. Un sueño es una nube que te rodea y con la que te identificas porque estás dormido. Y cuando estás despierto, sigues sin estarlo del todo, y por eso persistes en identificarte con muchas cosas. Te haces hinduista; eso implica identificarse con algo. Te conviertes al cristianismo o al judaísmo; eso supone identificarse con algo, y demuestra también que no estás despierto. "Despierto" es una palabra. Estás despierto de un modo tan superficial que cualquier cosa puede afectarte y hacer que vuelvas a estar dormido. Si pasa una mujer hermosa, vuelves a dormirte. Y en ese sueño buscarás la manera de conseguirla o de poseerla. Te olvidas por completo de que no estás dormido...
Yo no estoy aquí para proponeros un sueño, sino todo lo contrario; he venido para destruirlos. Si aparezco en uno de tus sueños, córtame la cabeza inmediatamente, no dejes escapar la ocasión. Y no preguntes de dónde sacarás la espada. Si consigues que yo salga en tu sueño, también aparecerá la espada. Si puedes soñar conmigo, también puedes soñar con una espada...
Los sueños son una señal. Es tu ser interno que te avisa que no estás siendo como deberías, que tu destino sigue sin cumplirse y que ese ser no puede expresarse.
Ese es el único significado del sueño. Los sueños no dicen: "Ven. Sígueme. Conviértete en Cristo, en Buda, en Krishna". No, eso sería ir en tu contra.
Sé tú mismo, únicamente tú. Y no te preocupes de qué tipo de flor llegarás a ser. Da igual que seas una rosa, una flor de loto o una caléndula. Lo que importa es que florezcas.
Lo diré de nuevo: lo importante no es la flor, sino florecer, y eso no cambia aunque seas una caléndula... La caléndula es una flor corriente. No sé cómo será aquí, en Estados Unidos, pero en la India es la flor más común. Las rosas son elegantes y la flor de loto aún más. Pero eso no importa.
La floración de una caléndula produce el mismo éxtasis que el de una rosa, porque ese éxtasis no lo produce el color, ni el aroma ni el tamaño. No, el éxtasis es el fruto del fenómeno en sí, del milagro de florecer, de abrirse. La caléndula se convierte en caléndula porque ese era su dentino. La rosa se convierte en rosa porque ese era su destino. Ambos han cumplido su destino. Su realización es exactamente igual.
Cuando te conviertas en ti mismo no serás como yo, ni como Cristo, ni como Krishna; serás tú mismo. Pero te envolverá el mismo éxtasis que me envuelve a mí...
...el verdadero trabajo está en tu interior. Pero es algo que tienes que hacer tú. Si no lo haces, habrás estado en la Tierra sin saber qué es la auténtica existencia. La forma en que has vivido no puede llamarse vivir, sino vegetar.
No seas un vegetal, un repollo, una coliflor. Hay dos tipos de personas: los repollos son gente sin estudios; las coliflores son repollos con estudios, pero no existe una gran diferencia entre ellos.
Lo único que importa es ¡tu despertar!".

Osho, Nacer con una pregunta en el corazón
http://osho-maestro.blogspot.com/

lunes, 13 de octubre de 2014

Osho: Amor y odio


El odio es como una roca; el amor, como una flor.

"¿Te has dado cuenta de que el amor es momentáneo? Viene y va como una brisa. Cuando te sucede, estás tan lleno de amor hacia una persona que ni te planteas la posibilidad de que ese amor pueda desaparecer nunca. En esos momentos la gente se pone romántica y empieza a decir cosas que sólo se les permite decir a los locos o a los poetas. Pero ese sentimiento es tan desbordante que necesitan decir: "¡Te amaré para siempre!". Y en ese instante es verdad. No están mintiendo, es lo que sienten: "Si volviera a nacer, no podría amar a alguien que no fueses tú".
E insisto, la persona no está mintiendo, es totalmente honesta. Está tan llena de amor que siente que será así, que la vida será demasiado corta para colmar ese amor, para compartirlo con la persona amada. Pero no se da cuenta de que sólo es una brisa que se filtra a través de una puerta, y que luego desaparece por otra, dejándote en el mismo estado en el que estabas antes, de vuelta a la tierra de nuevo...
El amor es momentáneo, una fase; pero, al parecer, el odio es mucho más fuerte. Te enamoras, te desenamoras. Pero cuando caes en el odio...No es frecuente oír que un hombre se haya caído del odio. Se queda atascado, pegado. El odio tiene cierta fuerza; te mantiene pegado a él. Los enemigos siguen siendo enemigos durante generaciones...
Pero el sentimiento del odio se prolonga mucho tiempo; sin embargo, el del amor es muy corto. Tal vez sean así las cosas. Por la mañana hay muchas rosas pero, al atardecer, sus pétalos empiezan a caer; van desapareciendo. Pero ¿y la roca?. La verás ahí por la mañana y por la tarde, y seguirá estando ahí la mañana siguiente. Muchas rosas aparecerán y luego se irán, pero la roca permanecerá ahí. El odio es como una roca; el amor, como una flor".

Osho, Nacer con una pregunta en el corazón
http://osho-maestro.blogspot.com/


jueves, 9 de octubre de 2014

señales




“Cuando el alumno está preparado el maestro aparece” dice un viejo proverbio con el que coincidí de inmediato, aunque no por una cuestión mística como podría pensarse, sino por razones completamente prácticas. Mi interpretación era -léase “era”- que las enseñanzas, ya sean las transmitidas por alguien o simplemente por las experiencias de la vida, están siempre presentes sólo las dejamos pasar porque no estamos atentos a ellas, como dice el proverbio, porque no estamos preparados.
Poner atención en algo pareciera que tuviese un efecto creador. Cualquiera que haya adquirido un auto habrá notado que el modelo buscado está mucho más presente en las calles de lo que parecía hasta que uno se decidió por él, o cuando nos diagnostican el síndrome de xxx, comenzamos a encontrar gente que sufre la misma dolencia. Los autos estaban ya en la calle y los enfermos existían de antemano, sólo que no los veíamos. ¿Por qué? Simple, porque no estábamos preparados a prestarles atención.
Seguramente esa forma de pensar haya sido la responsable de que no me percatara de lo extraño de aquella primera señal: un texto resaltado en un libro que en teoría era nuevo. En primer momento supuse que había sido Roberto quién había tenido la gentileza de marcar ese párrafo. Eran muy de él esas cosas. Siempre le gustó darle un toque personal a sus regalos y, aunque nunca lo reconociera, era un estudioso de las ciencias ocultas. Cuando llamé para agradecerle, primero rió, luego se sorprendió y finalmente quedó preocupado. Jamás había tenido ese libro en sus manos y ni siquiera conocía al autor. "Cuídate amigo mío" fueron sus palabras. Ninguno de mis otros amigos se hizo cargo del regalo y consecuentemente tampoco del resaltado amarillo flúo. Algo estaba pasando.

La paloma muerta en el antepecho de la ventana fue lo que me puso en alerta definitivamente. Nadie en su sano juicio colocaría los restos de un ave en la ventana de un piso dieciocho, la paloma vino a morir a mi ventana para advertirme que la muerte está al acecho. La secuencia era clarísima: una paloma blanca, el símbolo de la paz. La paloma estaba muerta, la paz había muerto. No había guerra, ¿a qué paz se referiría la señal? Mi paz interior, era obvio. ¿Quién querría terminar con mi paz interior? No importa quién fuera, no lo conseguiría. Desde ese día que no salgo de aquí y ya ha pasado más de un mes. Cincuenta y cuatro mil cuatrocientos trece minutos, para ser exacto. Ayer terminé la última lata de tomates. Bebo sólo agua de lluvia, descarté el agua corriente porque la han contaminado, lo sé. Las señales llegan ahora desde la televisión o la radio, es sólo cuestión de prestar atención. Ellos han sido claros: hay que resistir. Estoy preparado. Resistiré Capitán...

miércoles, 8 de octubre de 2014

en defensa del lenguaje



El diccionario define como puta a la mujer que comercia con su cuerpo, pero comúnmente denominamos puta a la mujer que tiene moral sexual masculina. Vivimos en una sociedad machista y un tipo que cobra por garchar es un ídolo y la mujer que hace lo mismo una puta, así es la vida.

Yo no tengo nada contra las putas, al contrario, a no ser que se hagan las decentes, como esa compañera de la que hablé unos días atrás que se acuesta para conseguir alguien que la mantenga. El negocio de las putas es usar la concha, como la del pianista es usar las manos -está bien, las putas también usan la manos- y nada más. Si se toman los cuidados profilácticos no hay nada que decir, al contrario, se ganan la vida con su trabajo y dejan contento a más de uno.

En mi opinión usar la palabra “puta” en forma peyorativa es un error, porque una puta es una mujer que trabaja con su cuerpo, como dice el diccionario. Sí podría ser reprochable la mujer comprometida que se acuesta con uno y con otro, pero esa mujer no es una puta, sino una infiel. La confusión viene porque la infidelidad se concreta en la cama. Si la infidelidad fuera amasar pan con alguien que no sea el marido, a las infieles no las llamaríamos putas sino panaderas.

Hasta las leyes permiten la prostitución. Las leyes penan al proxeneta, no a la prostituta. La puta no engaña a nadie, cambia un servicio carnal por cierta cantidad de dinero. Qué me digan que hay de inmoral en eso. Si hay algo de inmoral será más de parte del cliente, aunque para mí cualquier hombre que tiene relaciones con una puta está exculpado y aclaro que yo no ando ni anduve con putas.